Congo: el partido de Kabila, títere de su pantomima política

La Mayoría Presidencial (MP): el títere de la pantomima política de Kabila

La reflexión que se presenta a continuación tiene como objetivo hacer entrar en razón a los miembros de la Mayoría Presidencial que siguen apoyando a Joseph Kabila. Este análisis pretende demostrar con datos objetivos que la MP ya no es el marco político adecuado para permitir que Kabila continúe en el poder tras el cambio político del 19 de diciembre de 2016 ni para consolidar su legitimidad. Además, este artículo invita a que la MP extraiga conclusiones objetivas de esta realidad y que actúe teniendo en consideración la futura situación post-Kabila. Su futuro político individual y colectivo está en juego.

La AMP y la MP: simples plataformas electoralistas en beneficio de Kabila

El diccionario Larousse define “electoralismo” como un sustantivo peyorativo: “actitud de un político o de un partido que determina sus posiciones y su programa en función de los beneficios electorales estimados”.

Cuando llegó al poder tras el golpe de Estado que siguió al asesinato de su predecesor, las agrupaciones políticas y diplomáticas que rodeaban a Joseph Kabila le persuadieron para crear una gran plataforma electoral llamada AMP (Alianza para la Mayoría Presidencial). Se trataba de una agrupación política formada con el objetivo de dar la victoria al candidato Joseph Kabila en las elecciones presidenciales y legislativas del 30 de junio de 2006 (la segunda vuelta de las presidenciales tuvo lugar el 29 de octubre) [1]. Varios partidos participaron en su creación [2]. Con la victoria electoral obtenida en 2006 gracias al apoyo de la “comunidad internacional” y de los Estados regionales, Joseph Kabila tenía prácticamente asegurada la presidencia hasta el año 2016 ante la falta de un adversario político, debido a que su principal rival en aquel momento, Jean-Pierre Bemba Gombo, fue declarado culpable ante la Corte Penal Internacional, y debido a la no alineación de Etienne Tshisekedi. Tras estos acontecimientos, la AMP  decidió aumentar su base política con una coalición de gobierno que incluyera también al PALU (Partido Lumumbista Unificado) de Antoine Gizenga y a la UDEMO (Unión de Demócratas Mobutistas) de Nzanga Mobutu.

Kabila, Nzanga, Gizenga.

Así pues, 27 partidos políticos, 13 figuras políticas independientes y algunas agrupaciones [3] firmaron el 5 de abril de 2011 en Kinshasa la carta de la Mayoría presidencial (MP) como sucesora de la AMP, cuya misión se limitaba a conseguir la victoria del candidato Kabila en 2006. Una vez cumplida la misión, había que afrontar las elecciones de 2011 y enfrentarse al hombre más popular de la RDC, Etienne Tshisekedi. Un desafío casi imposible que precisaba de una remodelación del panorama político que rodeaba a Joseph Kabila. Por esto, comenzó a urgir la creación de una plataforma electoral mayor que la AMP para unas elecciones presidenciales a una vuelta, sinónimo de doble o nada para Kabila.

Encontramos así una explicación que justifica la creación de la Mayoría Presidencial (MP): “la máquina electoral de Joseph Kabila ya está constituida y lista para entrar en campaña en cuanto sea posible. (…) Principalmente, está formada por grupos políticos, figuras políticas independientes y agrupaciones asociadas signatarias de la carta de la Alianza para la Mayoría Presidencial” [4].

En respuesta a la “moción de confirmación de confianza a la autoridad moral” es decir, a Joseph Kabila, el senador Yerodia Absoulae Ndombasi citó al presidente y declaró que “todos los éxitos cosechados desde 2006 han sido posibles gracias a los esfuerzos de todos los miembros de la Alianza de la Mayoría Presidencial y de sus aliados”. Después de felicitar a toda su familia política por su “gran disciplina a pesar de los vientos en contra que casi han hecho tambalear” su plataforma, Joseph Kabila también proclama la “experiencia adquirida desde 2006 gracias a la buena gobernanza, la democracia, el patriotismo y la ética republicana”. “Tenemos por delante un nuevo desafío que nos exige aún más esfuerzos. Sé que, si cuento con ustedes, no me decepcionarán” afirmó el presidente Joseph Kabila [5].

En 2006, tal y como recordó el Secretario ejecutivo adjunto Koyagialo Ngbase te Gerengo, la Alianza para la Mayoría presidencial (AMP) actuó para conseguir el poder del Estado. “Hemos ganado, contra viento y marea, las elecciones presidenciales y la mayoría parlamentaria” declaraba feliz por los resultados. “Pero hemos podido comprobar que existen lagunas. Hay votantes que han pedido una reestructuración de la AMP” [6]. Lambert Mende Omalanga, el ministro de Comunicación y Medios de Comunicación, afirmó que uno de los ocho objetivos de la nueva plataforma será “constituir un movimiento fuerte, competitivo y coherente, capaz de afrontar la nueva situación política del país”. [7]

A diferencia de las declaraciones de intenciones y palabrería con las que adornaban sus objetivos, la razón de la existencia de la AMP y la MP no era otra que asegurar a toda costa [8] la presidencia de Joseph Kabila durante el período 2006-2011. Hay que tener en cuenta que Kabila extendió esta plataforma al ámbito militar a través de una alianza con el CNDP (Congreso Nacional de la Defensa del Pueblo), origen del M23. De hecho, según un informe de Naciones Unidas publicado a finales de diciembre de 2012, miembros del CDNP, un grupo armado dominado por los tutsis y estrechamente vinculado a Ruanda, se habrían asegurado los puestos más altos de las FARDC (Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo) a cambio del apoyo a una candidatura victoriosa del presidente en funciones, Joseph Kabila. En cuanto a las elecciones presidenciales y parlamentarias del 28 de noviembre de 2012, esta milicia habría tomado parte e intentado influir en los resultados [9].

Después de 2016, la MP perderá su utilidad porque, en caso de elecciones, Kabila debería necesariamente dejar de ser candidato.

Como puede observarse, tanto en 2006 como en 2011, el objetivo principal de la creación de ambas plataformas fue exclusivamente electoral, personalizado en beneficio de Joseph Kabila. No se trataba en absoluto de una plataforma ideológica que perduraría después de su mandato. El presidente no tenía ningún plan de futuro para el país que gobierna ni el mínimo deseo de abandonar el poder y perpetuar su acción a través de sus sucesores. Su falta de liderazgo hace que aquellos que le rodean tan solo lo hagan de manera oportunista. Prueba de ello es que, en 2006, Kabila puso fin de manera unilateral a la MP, aunque siguió con los mismos objetivos de ésta para crear la AMP en una estrategia autocrática con el fin de conservar el poder. Al igual que Mobutu, Joseph Kabila no contempla el futuro de la RDC sin él, al menos mientras siga vivo.

Por tanto, según el analista jurídico y criminólogo Jean-Bosco Kongolo, no es de  extrañar que, “al igual que el MPR [Movimiento Popular de la Revolución, partido único de Mobutu], este partido, el PPRD [Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia, primer partido fundado por Kabila] (MP), sea simplemente una amalgama de personas destacadas con trayectorias tan diferentes como divergentes, sin ideales comunes, con ambiciones a menudo enfrentadas y, sobre todo, sin ningún factor histórico que pueda relacionarlos objetivamente, salvo la sumisión a la tutela de Joseph Kabila, que reparte puestos en el gobierno. Sin apenas conocimiento sobre las combinaciones políticas del régimen precedente y preocupado únicamente por su supervivencia política y por el aburguesamiento de su familia biológica, el presidente se ha dejado guiar por sus asesores. Estos le han recomendado multiplicar hasta el infinito el número de partidos políticos que reagrupar, como en tiempos del difunto Movimiento Presidencial, bajo una gran plataforma llamada AMP en un principio, para luego convertirse en MP. Después del impulso del PPRD, la Mayoría Presidencial se constituye como algo más aritmético que sociológico o ideológico. Basta con echar un vistazo a la lista de formaciones políticas que la componen para convencerse de ello. Hay de todo menos unidad de objetivos y de proyectos sociales. [10]”

Ahora que Kabila ha alcanzado sus límites constitucionales en las elecciones a través del artículo 220 de la Constitución, por el paso de la AMP a la MP, esta última se ha convertido en algo obsoleto, según su parecer y su estrategia política. Necesita una nueva táctica, adaptada al contexto político actual de cambio, que le permita mantenerse en el poder en caso de que no se convoquen elecciones. Esta fórmula se encontró, en un principio, en el Acuerdo de la Ciudad de la OUA [Complejo construido en los años 80 en Kinshasa por los estados miembros de la OUA, ahora es llamado Cité de l’Union Africaine], que contó con la complicidad de Eden Kodjo y de la camarilla de la oposición signataria del acuerdo. Además, las negociaciones sobre el mismo han demostrado la inutilidad de la MP. Ni Aubin Minaku, secretario general y coordinador de la MP, ni Henri Mova Sakanyi, secretario general del PPRD, han desempeñado un papel central en dichas negociaciones puesto que no podían proporcionar ningún beneficio político para favorecer a Kabila en el cambio. Estas pruebas deberían lograr que los miembros de la MP entren en razón y comprendan que no son necesarios en la estrategia actual de Kabila.

Kabila no puede permanecer más, busca una nueva mayoría popular para alargar su permanencia. Y si eso no funciona, jugará la carta de la familia

La investigación llevada a cabo por Bloomberg, que pone de manifiesto el poder de la familia de Joseph Kabila en la economía congoleña, demuestra que será extremadamente difícil que Kabila considere la posibilidad de renunciar al poder, por temor a acciones judiciales por corrupción y utilización indebida de bienes sociales y del Estado. A esto habría que añadir las alegaciones relacionadas con su participación en los crímenes de guerra y contra los derechos humanos como consecuencia de su responsabilidad directa e indirecta en ciertas matanzas y masacres, y de sus conspiraciones contra los jefes de Estado de países enemigos del Congo.

Por otra parte, si Joseph Kabila insiste en quedarse en el poder a cualquier precio y en llevar a cabo una lógica kamikaze, también se debe a que el desafío es mucho menor para él que para sus patrocinadores regionales, que fueron quienes le colocaron a la cabeza de la RDC. Éstos son completamente conscientes de que la caída de Kabila podría augurar una nueva era de recomposición del liderazgo regional, que traería consigo fatales consecuencias para ellos.

Por tanto, todo parece indicar que Kabila optaría más bien por una sucesión familiar. Esta hipótesis puede confirmarse a través de dos hechos.

Jean-Claude Kyungu Kabila, hermano menor de Joseph Kabila, desconocido para el público, ha creado un nuevo partido político, UPCE.

En primer lugar, en una entrevista acordada por Zoé Kabila a Jeune Afrique el 26 de septiembre de 2016, el hermano de Joseph declaraba que “los Kabila no están dispuestos a confiar el poder a cualquiera”. A continuación, precisó: “Nuestro padre derramó su propia sangre por este país. Cuando éramos pequeños, siempre nos decía que nosotros seríamos los que reconstruiríamos la República Democrática del Congo” [11].

Posteriormente, un artículo de Muriel Devey Malu-Mal, también revela bastante sobre las intenciones ocultas de la familia Kabila: “La recomposición no perdonará a toda la clase política en su conjunto. En cuanto a la Mayoría Presidencial, cada vez más contradicciones salen a la luz. El último motivo de controversia fue la salida oficial, el pasado 4 de enero, de la Unión del Pueblo Congoleño Comprometido (UPCE), creada por Jean-Claude Kabile Kyungu, hermano menor de Joseph Kabila. Es una noticia que ha hecho rechinar los dientes a ciertos miembros del Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia (PPRD). En cuanto a esto, surgen inevitablemente ciertos interrogantes: ¿Quién será el sucesor de Kabila? ¿Su hermano Zoé? En ese caso, ¿qué hay de las figuras del PPRD que podrían tomar el relevo? ¿No existe ningún riesgo de movimiento de militantes del PPRD al UPCE ni del acaparamiento de los recursos financieros disponibles por este último en detrimento del PPRD? Y el problema constante: ¿Para qué ha servido el PPRD, que permitió la elección de Kabila en 2006 y en 2011? Si se confirma el posicionamiento de la familia Kabila como dinastía, no podría descartarse el surgimiento de una nueva disidencia en el seno de la Mayoría Presidencial. Podrían producirse muchas recomposiciones políticas que perjudicarían al proceso democrático” [12].

Kabila sabe que perderá todo su poder si opta por un escenario Putin-Medvédev

La prensa y los analistas congoleños especulan mucho sobre la identidad del posible sucesor de Kabila; entre los nombres más repetidos figuran el de Aubin Minaku Ndjala Ndjoko, presidente de la Asamblea Nacional, y el de Augustin Matata Ponyo, antiguo primer ministro. Joseph Kabila sabe perfectamente que, al apartarse, se arriesga a no volver al poder. En realidad, Rusia no es como el Congo por varias razones ya presentadas en un análisis previo titulado, “¿Por qué Kabila no elegirá un sucesor procedente del seno de su Mayoría Presidencial para sucederle en 2016?” [13]:

1.- Los políticos congoleños son conocidos por su flagrante falta de lealtad y de constancia política.

La elección de Medvedev por parte de Putin está justificada debido a la arraigada lealtad que demuestra Medvedev hacia su jefe. Sin embargo, esto no funciona así en África y menos aún en la RDC, donde la lealtad no es más que circunstancial, temporal y, sobre todo, oportunista.

2.- No existe una cultura del respeto hacia el “contrato” entre los políticos congoleños.

Otro elemento característico de la solidez de la fórmula original “Putin-Medvedev” es el sentido del respeto hacia el contrato. Se trata de una práctica arraigada en las culturas euroasiáticas, las cuales se basan en el respeto de las reglas del derecho positivo. Sin embargo, en África, y más particularmente en la RDC, los actores políticos forman parte de una relación contradictoria entre extranjería cultural y sus propios derechos. Esto se debe a la ausencia, en sus prácticas cotidianas, de la integración del derecho positivo heredado de la colonización. Lo que hacen es desarrollar alianzas circunstanciales oportunistas.

3.- La percepción antropológica del “líder” y la personificación de la autoridad en las sociedades africanas.

Aunque decida elegir un sucesor, Kabila se encuentra una vez más en la mejor posición tras haber aprendido de su propia experiencia: la de un pequeño y joven presidente, surgido de la nada, temeroso, poco seguro de sí mismo y elegido por su falta de carisma y liderazgo, que terminará siendo un autócrata arrogante. Pronto comprendió que en África el pueblo no respeta más que al líder oficial. Esto va arraigado a la concepción que tienen los africanos del líder político, cuya singularidad y posición en la sociedad están reconocidas, y, por lo tanto, se le considera normalmente un rey sagrado, intocable. Como subraya el profesor Ngoma Binda, el poder del líder africano es, por lo general, divino por decreto (proviene de Dios), un ser sagrado al que no se puede interrogar ni rebatir sin cometer un delito de lesa majestad [14]. El fenómeno de sistemática sacralización de la autoridad por parte del pueblo, incentivada por las demostraciones de culto hacia la figura presidencial en África, hace que la persona que recibe el nombre de presidente, lo quiera o no, esté legitimada por la reacción subconsciente del pueblo al respecto, incluso si el líder carece de cualquier aptitud de liderazgo positivo. Así, Joseph Kabila sería el prototipo de líder creado desde cero que termina convirtiéndose en el rais, la “autoridad moral” ante la que todos se inclinan, debido a la costumbre mítica presente en las sociedades africanas que sacralizan al líder. La figura del líder en África, puesto que es sagrada, no elige a un sucesor. Lo hemos visto con Etienne Tshisekedi a la cabeza del UDPS.

Basándose en esta experiencia, Kabila no se permitiría jamás elegir un sucesor con el que no comparta afinidad biológica o étnica, por las razones mencionadas previamente. Además, durante una reunión de la Mayoría Presidencial (MP) en Kingakati, el 22 de marzo de 2015, Kabila se limitó simplemente a injuriar, con arrogancia y desprecio, a los oportunistas de la MP, los que desde 2006 le han servido de trampolín; estas fueron sus palabras: “Prefiero evolucionar con aquellos que me son sinceros que con los que son unos parásitos”. Por tanto, la Mayoría Presidencial no debe hacerse ilusiones acerca del futuro de Joseph Kabila, pues seguramente no tendrá un papel central en él más que el de caja de resonancia.

La caída de Kabila parece inevitable a pesar de las apariencias de poder.

El fracaso del Acuerdo de la [cité de l’]OUA es una señal de que el régimen de Kabila sigue agonizando y no aguantará mucho tiempo, a pesar de su aparente retirada y la lealtad, parcial y temporal, de una parte del ejército y de los servicios de seguridad. Se trata de un régimen que tiene los días contados.

Un diplomático africano que trabaja en la RDC me confesaba, basándose en fuentes de información congoleñas, que la caída del régimen de Kabila es casi inevitable. Solo falta saber cuándo se producirá. Para otro diplomático occidental, si Kabila ha sobrevivido al 19 de diciembre de 2016, no es porque haya sido más fuerte, sino porque la oposición se ha mostrado más débil que él. “Es la historia de un débil que se ha aprovechado de uno más débil que él, todo ello siendo consciente de que es muy vulnerable”. Para este último, son varios los elementos que podrían precipitar la caída del régimen de Kabila a lo largo de 2017: la intensificación de la presión internacional alrededor de Kabila, sus colaboradores próximos y su familia biológica; la incertidumbre acerca del futuro político de la mayoría de los colaboradores que dudan cada vez más de la voluntad de Kabila para ceder el poder a un sucesor político; la cristalización de la crisis política con la oposición; la crisis socioeconómica que no dejará de aumentar el descontento de la población, en especial entre las líneas de grupos armados; las divisiones en el seno de su cuerpo de seguridad; y el abandono a Kabila por parte de algunos de los aliados regionales más influyentes.

A diferencia de lo que anticipaban algunos medios kabilistas que celebraron el fallecimiento de Etienne Tshisekedi, su desaparición podría constituir más bien un elemento catalizador de la caída de Kabila. De hecho, Tshisekedi, a pesar de su carácter impetuoso, a menudo actuó como mediador tranquilizando a la población tras las elecciones de 2011 y de diciembre de 2016. El régimen de Kabila se vio totalmente beneficiado porque veía al político congoleño como un toro al que podía manejar fácilmente por los cuernos cada vez que gruñía. Sin embargo, su desaparición corre el riesgo de ser perjudicial para Kabila, teniendo en cuenta que todo el mundo aguardaba su orden de ir a “cazar a Kabila”. Por este motivo, desempeñaba indirectamente un papel importante como autoridad moral a la que todos escuchaban. Ahora bien, el legado de Tshisekedi para los jóvenes es “Tomad las riendas”. De esta forma, en su ausencia, estos jóvenes y esta población en ruptura con el poder y a los que ya nadie puede frenar, están dispuestos, si el bloqueo político continúa, a actuar como sea necesario para hacerse cargo de la situación conforme al artículo 64 de la Constitución. Para esta población, la mayoría jóvenes, el hecho de que Kabila continúe en el poder no augura ninguna esperanza para su futuro en cuanto a la mejora de sus condiciones de vida. La oposición de la población al régimen de Kabila comienza en el plano socioeconómico.

Por este motivo, no debería desestimarse una conspiración por parte de los militares y los políticos hambrientos por culpa del régimen, aunque desarmados por temor al motín; pero también debería contar sobre todo con los insurrectos y simpatizantes del movimiento político-cultural Bundu dia Kongo, que ya ocupan la capital poblada principalmente por los bakongo. Se trata de una hipótesis verosímil que reduce más el margen de maniobra de Kabila, impopular e ilegítimo, a diferencia de lo que se podría creer.

Conclusión: La Mayoría Presidencial debe pensar ahora en escoger su propio sucesor y decir no a la permanencia de Kabila.

Los ejecutivos de la MP deben posicionarse ahora o nunca. No es necesario ser un analista para afirmar que, en caso de una salida forzada del poder de Kabila, los miembros de la MP corren el riesgo de que se les aplique la jurisprudencia de Burkina Faso, que prohibía a todos los antiguos “dignatarios” del régimen del presidente Blaise Compaoré participar en las campañas electorales. También se arriesgan a sufrir la misma suerte que los mobutistas durante la toma de poder de Laurent-Désiré Kabila, pero esta vez con mayor severidad. Por estos motivos, deberían pensárselo dos veces.

Es evidente que el diálogo inclusivo ya está dividiendo a la MP debido a la disminución de la cuota del presupuesto reservado a ésta para satisfacer el deseo de los kabilistas. Además, con las declaraciones que sacan a la luz el recurso de referéndum, está cada vez más claro que Kabila, apoyado por el servicio de seguridad de Kalev Mutond, apuesta por un tercer mandato mediante la modificación de la Constitución. Se trata de una apuesta arriesgada con la que puede indignar a personas tan próximas como Minaku, presidente de la Asamblea General, y el primer ministro Matata. Pero con esta estrategia de empeoramiento, tal y como se ha demostrado previamente, corre el riesgo de actuar en contra de su mayoría. Esto puede hacer que sufra las consecuencias de una caída brutal y que acabe perdiendo todo.

Recomendamos a los miembros de la MP que cojan el toro por los cuernos, porque seguir apoyando a Kabila inconscientemente no les augura ningún futuro prometedor a medio plazo. Tienen que elegir un buen momento para reaccionar. ¿Por qué no intentar buscar un candidato consensual diferente a Kabila, ahora que éste ya no tiene vía de escape? Además, la región ya no crece, según reveló un embajador occidental; ni Angola ni la República del Congo ni Uganda. El presidente de Angola, José Eduardo dos Santos, le habría pedido firmemente a Kabila que siguiese en el poder un año más, hasta diciembre de 2017 como máximo. Para este diplomático, estamos siendo testigos de la decadencia en el seno de la MP, donde la atmósfera de miedo predomina con el resurgimiento de la posibilidad de un referéndum. Al mismo tiempo, una corriente mayoritaria está a favor de las primarias para designar a un sucesor que podría relevar legítimamente a Kabila y evitar así la ley de la sanción popular, en el caso de que se produjese un giro en los acontecimientos de aquí a entonces.

En el momento en el que el barco de Kabila comience a zozobrar, los ejecutivos de la Mayoría Presidencial, de cara al destino del Congo, serán capaces de afirmar que la nación congoleña y la preservación de sus instituciones son más importantes que la absurda sumisión a Kabila, quien ya no puede garantizarles su futuro. Estamos convencidos de que, más allá de temerarios como Kin-Kiey, Mende, She Okitundu, Shadari, Atundu, Boshab y Kikaya, entre otros, en la MP aún quedan patriotas capaces de primar el interés nacional de la RDC e imitar el ejemplo del G7. La principal tarea a la que se enfrenta hoy en día la MP es la de frenar a Joseph Kabila: le ha llegado su hora. Lo demuestran numerosos movimientos de transferencias ilícitas de fondos públicos de la RDC hacia algunos países de Europa y África, llevados a cabo por sus allegados tras su blanqueo y confirmados por los servicios occidentales.

En lo referido a la cuestión de Joseph Kabila, la MP representa una rana que se queda dormida en un recipiente de agua que está comenzando a hervir, sin que ésta se dé cuenta”, me aseguraba un político europeo cercano a la casa presidencial. A buen entendedor…

Por Jean-Jacques Wondo Omanyundu

REFERENCIAS

[1] https://fr.wikipedia.org/wiki/Alliance_pour_la_majorit%C3%A9_pr%C3%A9sidentielle.

[2] El Partido de la Alianza Nacional por la Unidad (PANU), el Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia (PPRD), la Alianza por la Renovación del Congo (ARC) de Olivier Kamitatu, la Unión de los Nacionalistas Federalistas del Congo (UNAFEC) de Gabriel Kyungu Wa Kumwanza, la Convención de los Congoleños Unidos (CCU) de Lambert Mende Omalanga, el Movimiento Social por la Renovación (MSR) de Pierre Lumbi Okongo. Estaba presidida por Joseph Kabila y coordinada por André-Philippe Futa en el momento de su creación.

[3] 27 partidos políticos, 13 figuras políticas y algunas agrupaciones firmaron ayer martes 5 de abril la carta de la Mayoría Presidencial (MP). Los 27 nuevos miembros de la MP son Pprd, Msr, Pdsc, Rcd/Kml, Unafec, Unadef, Panu, Ccu, Codeco, Dcf/Cofedec, Uprdj, Prl, Panadis, Scode, Uldc, Pa, Afdc, Ucn, Ucrj, Peco, Mtd, Crd, Adh, Mdd, Adeco, Udeco y Cdr.

[4] http://www.congoplanete.com/news/3201/joseph-kabila-majorite-presidentielle-alliance-mp-remplace-amp.jsp.

[5] Ibíd.

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.

[8] Au moyen des fraudes électorales, révision de la Constitution et corruption à grande échelle [Revisión de la Constitución y de la corrupción a gran escala en medio del fraude electoral].

[9]  https://desc-wondo.org/fr/selon-lonu-les-officiers-du-cndp-ont-soutenu-lelection-de-kabila-en-2011/#sthash.0k5OehX5.dpuf.

[10] https://desc-wondo.org/fr/lopprtunisme-et-le-positionnement-empoisonnent-la-democratie-en-rd-congo-jb-kongolo/.

[11] http://www.jeuneafrique.com/mag/348870/politique/rd-congo-zoe-kabila-de-lombre-a-lumiere/.

[12] http://afrique.lepoint.fr/actualites/rd-congo-2017-a-l-epreuve-des-defis-socio-politiques-17-01-2017-2097817_2365.php.

[13] http://desc-wondo.org/fr/pourquoi-kabila-ne-choisira-t-il-pas-de-dauphin-au-sein-de-sa-majorite-jj-wondo/#sthash.G984O4E9.dpuf.

[14] P. Ngoma Binda, Démocratie, Femme et Société civile en Afrique, L’Harmattan, Paris, 2012, p.48. [Democracia, mujer y sociedad civil en África].

Fuente: DESC-Wondo, La MP : Le dindon de la farce politique de Joseph Kabila – JJ Wondo, publicado el 17 de febrero de 2017.

Traducido para Umoya por Laura de la Barrera Díaz, Edurne Gil Garayoa, Lorena Gómez Pérez y Sofía Lacasta Millera, de la Universidad de Salamanca.

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