Riesgos, conflictos, paz y prosperidad en África. Esas inversiones agrarias, fuente del desorden social

Investigadores, miembros de la sociedad civil y especialistas en derecho agrario de más de una decena de países africanos hicieron cónclave el pasado 9 de febrero de 2017 en Dakar. Fue en el marco de una conferencia internacional sobre el estado de los derechos y recursos en 2016 y 2017 cuyo lema era: “Pasar de los riesgos y conflictos a la paz y la prosperidad en África”.

Este encuentro, organizado por la Iniciativa para los derechos y recursos (RRI, en inglés), la Comisión Nacional de la Reforma Agraria (CNRF), la iniciativa prospectiva agrícola y rural (IPAR) y el Consejo nacional de concertación y cooperación de los campesinos (CNCR), ha permitido que se comprenda el estrecho lazo que existe entre las inversiones agrarias y los conflictos comunitarios en África.

La tremenda codicia de las multinacionales por la tierra ha suscitado numerosos conflictos en el mundo y particularmente en África. Un encuentro internacional para compartir experiencias y debates para analizar los lazos que existen entre las inversiones agrarias y los conflictos, ha tenido lugar el pasado 9 de febrero en Dakar bajo la égida de la Iniciativa por los derechos y recursos (RRI en inglés) que presentaba su informe anual 2016-2017, en colaboración con la CNRF, la Iniciativa Prospectiva Agrícola y Rural (IPAR) y el Consejo Nacional de Concertación y Cooperación de los Campesinos (CNCR).

Inversiones, crecimiento y conflictos

La Iniciativa por los derechos y recursos, que presenta su informe anual 2016-2017, señaló que “por toda África, las inversiones para la explotación de los recursos naturales que hicieron caso omiso de los derechos locales, han engendrado graves y costosos conflictos”. Según la RRI, “el atlas mundial de la justicia medioambiental ha documentado más de 1880 conflictos repartidos por el mundo, muchos de los cuales son el resultado de proyectos extractivos que han contaminado o dañado las tierras, el aire, el agua, los bosques y los medios de subsistencia de las comunidades”.

Si creemos a Solange Bandiaky Badji, directora del Programa África de la RRI, “existe un lazo entre los conflictos agrarios y las inversiones ya que los países africanos quieren convertirse en emergentes. Consecuentemente, acogen a muchos inversores en los sectores de la minería y la agricultura, lo cual acarrea conflictos porque no se tienen en cuenta los derechos de las comunidades”. Para la Sra. Badji, “esos conflictos ocurren porque hay asuntos ligados a las indemnizaciones y muchos más aún a los desplazamientos de las poblaciones. Porque, cuando llegan los inversores, la mayoría de las veces las poblaciones son desplazadas sin ser consultadas”. Según ella, “las comunidades no están en contra de las inversiones. Pero lo único que quieren, es que se realicen de forma justa y equitativa”.

Reformas agrarias africanas. Lo que hay que recordar: “… Es que todavía no hemos encontrado una solución”.

Pero, tanto en Senegal como en África, las reformas nunca llegan a término. “Se plantea una reforma, pero esa reforma nunca concluye. Todos los juristas lo saben. Personalmente, participé en la elaboración del Código electoral senegalés hace diez o quince años, pero son cosas que ocurren, por ahora hay cosas que mejorar en ese terreno. Un texto no es para siempre. Si la dinámica social alcanza un determinado nivel, hay que cambiar las cosas”, nos explica Moustapha Sourang.

Para Samuel Nguiffo, director ejecutivo del Centro para el medioambiente y el desarrollo (CED) en Camerún, “lo malo es que todavía no hemos dado con la solución”. Pero opina que lo realmente importante son los procesos que pueden aportar soluciones en el futuro, “sabiendo que ninguna solución será definitiva”. En la medida en que los programas de desarrollo tengan por objetivo hacer que emerjan los países africanos, estos últimos deben aprender la lección de países como Brasil y China, de ese rápido crecimiento que se hizo de forma no inclusiva, dejando de lado a una gran mayoría de gente pobre, privándoles de las redes sociales y de seguridad como la tierra.

“Cuando se tienen tierras, se puede cultivar, se puede alimentar. Pero si se priva de la tierra cuando justo al lado hay un crecimiento en desarrollo, con toda la inflación que puede conllevar, sin que se haga partícipe a la población, tendrán lugar disturbios como ocurrió en Brasil durante el Mundial de fútbol, habrá problemas como en China en las zonas rurales o en los suburbios de las ciudades”, nos cuenta. Según él, “se puede copiar el modelo de crecimiento, pero hay que corregirlo en el plano social, asegurándose de no privar de tierras a los que dependen únicamente de la tierra para asegurar su supervivencia diaria”.

¿Las reformas son agendas de otros?

Liberia ha emprendido una reforma agraria desde 2014, Kenia en 2010 y en 2014, Ghana desde 2008, Senegal desde 2012, aunque el inicio del proceso pueda remontarse a 1996. Cheikh Oumar Ba, director ejecutivo de la IPAR, que recordó las reformas emprendidas por los países africanos, preguntó quiénes realizan las reformas. “En realidad, ¿para quién se reforma y por qué se reforma? A menudo es algo que está en las agendas de otros. Se reforma porque hoy en día hay multinacionales que quieren instalarse aquí. Se reforma porque en la agenda política internacional está escrito que hay que reformar si usted quiere que se le conceda una ayuda pública al desarrollo, porque si no, nuestras inversiones no estarán protegidas”, explicó el Sr. Ba.

Ese punto de vista “quizás no sea falso, ¿pero de qué margen de negociación se dispone?”, se preguntó. Cheikh Oumar Ba abogó por “inversiones útiles que preserven la base de las comunidades y que al mismo tiempo permitan alcanzar la prosperidad compartida ya que de lo contrario, los jóvenes van emigrar”.

En definitiva, hay que reconocer que no habrá paz en África si no hay una reforma inclusiva que tenga en cuenta los derechos de las poblaciones más vulnerables. Cuatro paneles han permitido convencerse de ello a más de 150 países provenientes de varios países de África y Estados Unidos.

Senegal, un caso con “múltiples facetas”: más del 60% de los litigios tratados en los tribunales tienen relación con lo agrario.

Senegal, que es un caso con “múltiples facetas”, no se escapa de la problemática de los conflictos ligados a lo agrario, con más del 60% de los litigios tratados en los tribunales. De ahí el interés de conciliar la atracción de inversores, el crecimiento económico, pero también el reconocimiento de los derechos de las comunidades locales, con la perspectiva de la reforma agraria en curso.

En Senegal hay muchos conflictos ligados a lo agrario. La directora del Programa África de la RRI señaló, durante una conferencia internacional sobre el estado de los derechos y recursos en 2016 y 2017 y cómo “pasar de los riesgos y los conflictos a la paz y a la prosperidad en África”, que Senegal es un caso con “múltiples facetas”. “En primer lugar, habría que reconocer que Senegal ha iniciado una reforma cuya finalidad es conseguir clarificar qué tipos de derechos existen. Pero, también al mismo tiempo, Senegal está atrayendo inversiones extranjeras para ver cómo desarrollar el crecimiento económico. Ahora hay que intentar ver cómo conciliar la atracción de inversores, el crecimiento económico, y también el reconocimiento de los derechos de las comunidades locales”, explica Solange Bandiaky Badji.

Todavía en el capítulo de los conflictos, el profesor Moustapha Sourang, presidente de la Comisión nacional de la reforma agraria, indicó que más del 60% de los litigios tratados en los tribunales senegaleses tienen relación con lo agrario. El profesor Moustapha Ourang en su intervención en el transcurso de los diferentes paneles, quiso aclarar el espíritu de la reforma agraria en Senegal.

“En realidad, si hemos querido ir sobre el terreno deliberadamente, reunirnos con el conjunto de actores, fue para al menos lograr un fuerte consenso. Hemos dicho en todas partes que la unanimidad no es de este mundo. Los juristas dicen que lo ideal es el mayor número posible. La unanimidad es artificial e incluso sospechosa. Pero en las conversaciones que se mantuvieron en las 14 regiones del país, emergieron ciertas cosas”, dejó entender el profesor Ourang.

Y añadió: “el objetivo de nuestra operación es que se preserven los intereses de Senegal. El presidente de la República me dijo que hiciese lo que estimásemos ser de interés para el país, por lo tanto, encontrar mecanismos que puedan permitir el máximo consenso”, prosiguió al mismo tiempo que revelaba que existe la necesidad de proceder a una limpieza jurídica de los textos porque ya no hay zonas regionales como consecuencia del Acta 3 de la Descentralización.

Para Alioune Guèye, presidente de la Federación de perímetros autogestionados, miembro del CNCR por otra parte, es urgente “reflexionar de una manera mucho más global para hacerse cargo de las preocupaciones de las poblaciones en relación con la gobernanza agraria”.

El Sr. Guèye señaló con el dedo “el problema de la explotación minera que es una preocupación en el país junto con la zona de Niayes, con sus 44.500 hectáreas que antaño pertenecían a los agricultores y servían para alimentar al país con su producción hortícola, que se está transformando en una zona minera”. Es por ello que propone que “la explotación de las canteras, cuyos recursos no revierten sistemáticamente en las poblaciones, se merece una reflexión”.

Baba Ngom, miembro del CNCR, también ha dado la voz de alarma en relación a la explotación minera en su comuna. “Las comunidades ya no podrán vivir más de la agricultura, de la cría de ganado y de la pesca. La población aumenta y las tierras están sobreexplotadas y codiciadas”, nos advierte.

Por Chérif FAYE

Fuente: Sud Quotidien, Senegal, CES INVESTISSEMENTS FONCIERS, SOURCES DE DESORDRES SOCIAUX, publicado el 13 de febrero de 2017.

Traducido para UMOYA por Juan Carlos Figueira Iglesias.

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