Emile Gafirita, abandonado en manos de asesinos: ¬Ņinconsecuencia o asunto de estado en el pulso entre Francia y Ruanda?

EmileGafirita

Emile Gafirita

Comunicado de Bernard Lugan

Emile Gafirita fue secuestrado el 13 de noviembre de 2014 en Nairobi. Al día siguiente, debía volar a Francia para comparecer ante los jueces antiterroristas Trévidic y Poux, que iban a interrogarle por el asesinato de Juvénal Habyarimana, el que había sido presidente de Ruanda. No ha aparecido desde entonces.

Seg√ļn sus propias palabras, Emile Gafirita habr√≠a sido uno de los miembros del comando del ej√©rcito de Paul Kagame, quien habr√≠a transportado desde la frontera de Uganda hasta Kigali dos misiles que abatieron el avi√≥n del presidente Habyarimana el 6 de abril de 1994.
Puesto que este atentado fue el desencadenante del genocidio de Ruanda, es esencial determinar quiénes fueron los autores de este ataque. Sin embargo, no ha habido una investigación internacional sobre este crimen, que les costó la vida a dos presidentes en ejercicio: el de Ruanda y el de Burundi. Es como si la vida de dos jefes de Estado africanos valiera menos que la de un primer ministro libanés (véase el caso Hariri) o de una primera ministra pakistaní (véase el caso Buttho).

Debido a las fuertes presiones que ejercieron Estados Unidos y Reino Unido, aliados del régimen de Kigali, en el Consejo de Seguridad de la ONU, lograron impedir que el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) llevara a cabo esta investigación. Puesto que el TPIR acaba de terminar su labor, los autores de este crimen no serán identificados ni perseguidos por la justicia internacional.

La investigación francesa

Debido a la petici√≥n de las familias de la tripulaci√≥n francesa del avi√≥n presidencial ruand√©s, la Fiscal√≠a antiterrorista francesa encomend√≥ la investigaci√≥n del caso al juez Brugui√®re. Este √ļltimo logr√≥ obtener los n√ļmeros de serie de los dos misiles SA 16 IGLA¬†que abatieron el avi√≥n (04-87-04814 y¬†04-87-04835, respectivamente). Rastrear estos dos misiles fue posible gracias a la cooperaci√≥n judicial de Rusia. As√≠, tenemos constancia de que estos dos misiles port√°tiles SAM 16 formaban parte de un lote de 40 misiles SA 16 IGLA, entregado al ej√©rcito ugand√©s a√Īos atr√°s por Mosc√ļ. No obstante, Paul Kagame y sus principales asesores fueron oficiales superiores del ej√©rcito ugand√©s antes de la guerra civil ruandesa. De esta manera, desde 1990 hasta 1994, tanto Uganda como el arsenal del Ej√©rcito Patri√≥tico Ruand√©s (APR, por sus siglas en franc√©s) sirvieron como base de operaciones. A este respecto, la labor del TIPR ha permitido extraer conclusiones certeras. Adem√°s, tal y como siempre se afirm√≥ ante el TIPR, el ej√©rcito ruand√©s no dispon√≠a de tales misiles.¬†El juez Brugui√®re identific√≥ a los conductores de los veh√≠culos que se utilizaron para transportar estos dos misiles desde Uganda hasta el acuartelamiento del APR, situado en el centro de Kigali. Desde all√≠ tambi√©n consigui√≥ determinar el trayecto que se realiz√≥ hasta el lugar del lanzamiento. Asimismo, Brugui√®re logr√≥ poner nombre y apellidos a los dos tiradores y a los miembros de su escolta.

En 2007, al final de la investigación, el juez dictó una orden con la que atribuyó al general Kagame, que estaba protegido por la inmunidad de jefe de Estado, la autoría del atentado. En consecuencia, también emitió varias órdenes contra los miembros de su círculo más cercano, ya que consideraba que estaban directamente implicados en este acto terrorista.

En julio de 2013 y m√°s tarde, en enero de 2014, el juez Tr√©vidic, sucesor del juez Brugui√®re, interrog√≥ a Jean-Marie Micombero. A este √ļltimo, el anterior secretario general del Ministerio de Defensa de Ruanda, se le asign√≥ el 6 de abril de 1994 una secci√≥n encargada de los servicios de inteligencia que depend√≠a directamente de Paul Kagame. De este modo, confirm√≥ al juez los nombres y los cargos de los hombres que, en esa fecha, lanzaron los misiles que abatieron el avi√≥n presidencial. Asimismo, aport√≥ numerosos detalles sobre los preparativos y el desarrollo del atentado. Estas declaraciones se cotejaron con las que el juez Brugui√®re hab√≠a tomado a otros testigos.

La pasividad de la justicia francesa ante los asesinatos de los testigos

El testimonio de Emile Gafirita, en absoluto fantasioso, puede que fuera de ayuda para avanzar en la investigación.

En el proceso de reapertura de la instrucci√≥n, que por aquel entonces ya estaba en curso, la defensa ten√≠a acceso a la informaci√≥n que el testigo iba a proporcionar a los jueces. As√≠, inform√≥ a sus clientes de la existencia de Emile Gafirita y de su pr√≥ximo testimonio. Abogado del Estado ruand√©s y defensor de seis de los siete acusados, Le√≥n-Lef Foster, lo reconoci√≥ en una entrevista con la periodista canadiense Judi Rever (Afrikarabia, 19 de octubre de 2016): ‚ÄúInform√© a los acusados. Un abogado est√° en la obligaci√≥n de hacer saber a sus clientes en qu√© punto est√° el proceso. Es perfectamente l√≠cito que los clientes est√©n al tanto de las razones por las que se ha reabierto el caso‚ÄĚ.

A partir de ese momento, Emile Gafirita estuvo en peligro de muerte. Teniendo en cuenta la situaci√≥n, es cuando menos ins√≥lito que los jueces franceses que iban a interrogarle no tomaran la precauci√≥n de ponerle bajo protecci√≥n. A√ļn m√°s sabiendo que Emile Gafriita estaba amenazado y que, durante la espera para su comparecencia ‚Äďque tuvo lugar el d√≠a de su desaparici√≥n‚Äď, hab√≠a escrito un correo a su abogado, Fran√ßois Cantier, en el que afirmaba que quer√≠a testificar. Sus palabras fueron las siguientes: ‚ÄúLo mejor ser√° que lo haga cuanto antes para que no me puedan callar nunca‚ÄĚ.

Emile Gafirita solicit√≥ testificar de forma an√≥nima con el estatus de ‚Äútestigo protegido‚ÄĚ, petici√≥n que le deneg√≥ el juez Tr√©vidic. Y, sin embargo, tal y como revel√≥ m√°s tarde Emmanuel Fansten en el peri√≥dico franc√©s Lib√©ration, por las mismas fechas; concretamente, el 4 de marzo de 2015, el juez Tr√©vidic, que investigaba sobre el atentado de la calle Copernic, interrog√≥ a un antiguo miembro del grupo Abou Nidal como testigo protegido.

¬ŅPor qu√© se les dio un trato tan diferente?

El juez Tr√©vidic justific√≥ su negativa a escuchar a Emile Gafarita de forma an√≥nima ‚Äúdebido al n√ļmero significativo de manipulaciones que se hab√≠an constatado en la instrucci√≥n‚ÄĚ (Jeune Afrique,¬†9 de diciembre de 2014). Esta explicaci√≥n nos deja, cuando menos, perplejos, pues entre las funciones de un juez de instrucci√≥n destaca precisamente la de hacer una selecci√≥n entre los elementos que recoge. De todos modos, los que raptaron a Emile Gafirita no ten√≠an las mismas dudas.

Emile Gafirita, que vivía de forma clandestina en Nairobi con un nombre falso desde hacía unas semanas, fue abandonado a su suerte sin protección alguna en una ciudad donde, en 1996 y en 1998, ya habían asesinado al coronel Théoneste Lizinde y a Seth Sendashonga, dos altos cargos ruandeses que habían desertado. En privado, el primero aseguraba haber indicado que la granja de Masaka era el lugar más propicio para cometer el atentado del 6 de abril de 1994; el segundo, ex ministro de Interior, también guardaba unos cuantos secretos sobre los sucesos acontecidos durante ese mes.

En un caso tan grave, ¬Ņse podr√≠a describir con otra palabra que no sea ‚Äúins√≥lita‚ÄĚ la ingenuidad o la incompetencia del juez Tr√©vidic? Aun m√°s tras los ‚Äúantiguos‚ÄĚ asesinatos de Th√©onete Lizinde y Seth Sendashonga; otros, m√°s recientes, hab√≠an demostrado de manera tr√°gica que Kigali no dudaba en ordenar la muerte de cualquiera que pudiera hablar sobre el atentado del 6 de abril de 1994.

El 9 de julio de 2013, Sonia Rolley, periodista de Radio Francia Internacional (RFI), publicó dos entrevistas exclusivas realizadas a dos de los altos cargos del régimen de Kigali que habían desertado y se habían refugiado en Sudáfrica. Uno de ellos era el general Faustin Kayumba Nyamwaza, ex jefe del Estado Mayor del Ejército Patriótico Ruandés, quien, el 6 de abril de 1994, era el responsable de la inteligencia militar. El otro, el coronel Patrick Karegeya, que había sido jefe de los servicios de inteligencia externa de Ruanda desde 1994 hasta 2004.

Estos dos altos mandos acusaron al general Kagame de haber dado la orden para cometer el atentado del 6 de abril de 1994 y, desde hace varios a√Īos, ped√≠an, en vano, testificar ante la justicia francesa. En este sentido, hay que recordar que el general Kayumba Nyamwaza ten√≠a una orden de comparecencia ante el juez Brugui√®re y que, por tanto, la negativa de este a escucharle resultaba cuanto menos ‚Äúcuriosa‚ÄĚ.

M√°s a√ļn cuando los jueces Tr√©vidic y Poux hab√≠an interrogado a los otros acusados en Bujumbura (Burundi), del 6 al 14 de diciembre de 2010, y sin que, al parecer, las partes civiles estuvieran prevenidas. Entonces, el peri√≥dico franc√©s Le Monde coment√≥ este traslado de la siguiente manera:¬†‚Äúla interpelaci√≥n de las personalidades implicadas ha sido imposible. Sus abogados, Lev Forster y Bernard Maigain, han negociado con los jueces este curioso desv√≠o a Bujumbura‚ÄĚ.

¬ŅPor qu√© los jueces Tr√©vidic y Poux no atendieron a los testimonios del coronel Karegeya y del general Nyamwaza? Seg√ļn nos han informado, Sud√°frica no hab√≠a respondido a la solicitud de asistencia judicial por parte de Francia. Seguramente fue as√≠; no obstante, la instrucci√≥n ten√≠a los medios necesarios para averiguar si eran unos cuentistas o no. De todos modos, el r√©gimen de Kigali ten√≠a claro que no eran unos mit√≥manos, ya que mand√≥ tras ellos a los escuadrones de la muerte.

Así, el coronel Patrick Karegeya fue asesinado por estrangulación el 31 de diciembre de 2013 en su habitación, en un hotel de Johannesburgo. En cuanto al general Nyamwaza, este consiguió escapar a tres intentos de asesinato, uno de los cuales estuvo a punto de costarle la vida, concretamente, en el que acabó con una bala en el estómago.

En la p√°gina 302 de su libro, Charles Onana, recoge las palabras del coronel Karegeya poco antes de su asesinato: ‚Äú(‚Ķ)¬†Todo lo que hace vuestro juez (Tr√©vidic) est√° en los medios de comunicaci√≥n, incluso los nombres de los testigos a los que Kigali puede llevarse de vuelta o asesinarlos‚ÄĚ.

Tras el homicidio del coronel Karegeya, las autoridades sudafricanas expulsaron a varios diplom√°ticos ruandeses a los que acusaron de haber estado relacionados con este asesinato y, el 10 de septiembre de 2014, la justicia sudafricana conden√≥ a ocho a√Īos de prisi√≥n a cuatro hombres por el intento de asesinato del general Nyamwaza. En el juicio, se afirm√≥ que esta tentativa de asesinato pol√≠tico fue tramada en Ruanda.

El 16 de enero de 2014, a trav√©s de Jen Psaki, su portavoz, el Departamento de Estado de los Estados Unidos afirm√≥ estar ‚Äúconmovido por la sucesi√≥n de asesinatos de exiliados ruandeses, que parecen deberse a motivos pol√≠ticos.‚ÄĚ ¬ęLas recientes declaraciones del presidente Kagame en relaci√≥n a ‚Äúlas consecuencias para los que traicionaron a Ruanda‚ÄĚ son nuestra m√°xima preocupaci√≥n¬Ľ. Unos d√≠as m√°s tarde, el Ministerio de Asuntos Exteriores brit√°nico hizo declaraciones similares.

En cuanto al Ministerio de Asuntos Exteriores francés, el silencio del ministro Fabius fue tan ensordecedor como el de la ministra de Justicia, Christine Taubira.

La √ļltima maniobra de Kigali

A pesar de compartir continuamente opiniones y teor√≠as sobre el r√©gimen de Kigali, la prensa francesa -en concreto, Lib√©ration, y m√°s recientemente Le Monde-, por extra√Īo que parezca, se ha mostrado ‚Äúpudorosa‚ÄĚ en lo que respecta al esc√°ndalo judicial, humano y, quiz√°, incluso pol√≠tico, que supone el rapto de Emile Gafirita. Y m√°s despu√©s de la muerte del coronel Karegeya y los tres intentos de asesinato del general Nyamwaza. [‚Ķ]

Leer la continuación en: el blog oficial de Bernard Lugan

Fuente: Blog de Gaspard Musabyimana, Emile Gafirita Abandonné à des assassins: inconséquence ou affaire d’Etat dans le bras de fer entre la France et le Rwanda?, Publicado el 15 de diciembre de 2016 por Bernard Lugan

Traducido para Umoya por Eva Baquero Salavera (Universidad de Salamanca).

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