UN ERROR JUDICIAL VERGONZOSO: EL TRIBUNAL DE REINO UNIDO DEJA MARCHAR AL GENERAL RUANDÉS KARAKE

Los intocables — La impunidad gana de nuevo: el general Karenzi Karake se marcha

Dr. Theogene Rudasingwa-10 de agosto de  2015

DIEZ RAZONES POR LAS CUALES LA ABSOLUCIÓN DEL GENERAL QUE DECIDIÓ EL TRIBUNAL BRITÁNICO NO ES MÁS QUE UN VERGONZOSO ERROR JUDICIAL

El 10 de agosto de 2015, el general Karenzi Karake, líder del conocido Servicio de Inteligencia y de Seguridad Nacional de Ruanda, fue absuelto por un tribunal británico. El jefe de inteligencia ruandés había sido detenido en el aeropuerto londinense de Heathrow el 20 de junio de este año por una Orden de Detención Europea en relación con la muerte de ciudadanos españoles y de otros países de Europa. El general Karake, representado por Cherie Blair entre otros, había sido puesto en libertad bajo fianza de 1 millón de libras pendiente de las audiencias de extradición previstas para octubre de 2015.

Aquí presentamos las 10 razones por las que la absolución de Karake es un vergonzoso error judicial:

En primer lugar, se trata de una forma de demostrar que el vínculo de dinero, poder y grandes intereses puede anteponerse a la búsqueda de la justicia. El presidente Paul Kagame, el ex primer ministro Tony Blair y su mujer, Cherie Blair, son los únicos que salen ganando a costa de los ciudadanos ruandeses, españoles y europeos que han perdido sus vidas a manos del brutal régimen ruandés.

Segundo, va en contra de todos los principios básicos del Derecho de la Unión Europea, en la que se basan las vidas de los ciudadanos europeos. El general Karenzi Karake fue detenido por una Orden de Detención Europea que lo acusaba de haber estado involucrado en los asesinatos de varios ciudadanos europeos. Ahora ha sido absuelto en base a un simple tecnicismo.
Tercero, va en contra del sentido general de la legislación británica. Si asumimos que la legislación británica busca proteger a los ciudadanos británicos y a sus instituciones, en un contexto que se amplía hasta el nivel europeo o internacional, veremos que hay muy pocos paralelismos con el caso de Karake. No nos sorprende, como en el caso del general Pinochet, que los intereses económicos y de poder de las instituciones británicas hayan explotado una cláusula de su legislación para hacer lo que les plazca.

En cuarto lugar, va en contra de la carta y el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reconoce que: «Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía».

Del mismo modo, esta detención va en contra de la Carta Africana de los Derechos Humanos y de los Pueblos, que reconoce: «por un lado, que los derechos humanos fundamentales derivan de los atributos de los seres humanos, lo cual justifica su protección internacional, y, por otro lado, que la realidad y el respeto de los derechos de los pueblos deberían necesariamente garantizar los derechos humanos».

Quinto, aumenta la impunidad que ha caracterizado al régimen de Kagame desde los días del genocidio de 1994. Construida sobre una narrativa falsa, que como detuvo el genocidio nadie debería cuestionar sus abusos de los derechos humanos, el régimen prospera gracias a la culpa internacional, mientras amontona crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad e incluso actos potenciales de genocidio. El sistema política de Reino Unido ha estado respaldando de manera consistente al presidente Kagame a pesar de las peticiones de los ruandeses y de algunos miembros de la comunidad internacional de que lo llevasen ante la justicia. La absolución de Karake es la última demostración que da al presidente Kagame el visto bueno para que continúe matando impunemente.

Sexto, polariza a la sociedad ruandesa. La dicotomía más resistente y todavía perniciosa es la división étnica entre tutsis y hutus que siempre han manipulado y explotado las élites en el poder. La situación actual en Ruanda está caracterizada por el dominio de un pequeño grupo armado dentro de la minoría de la comunidad tutsi. Ninguno de los miembros de esta camarilla ha respondido por los miles de delitos cometidos contra los miembros de la comunidad hutu en Ruanda o en la República Democrática del Congo. Más bien al contrario, muchos miembros de la comunidad hutu han sido acusados, encarcelados y castigados por estar relacionados con delitos de genocidio contra los tutsis. No puede haber una verdadera reconciliación sin que se sepa la verdad acerca de los delitos cometidos contra los miembros de ambas comunidades.

En séptimo lugar, al satisfacer las amenazas del presidente Kagame, y con las estrechas consideraciones de los intereses británicos en que sea su campeón, la absolución le envía al presidente el mensaje habitual de que merece la pena insultar, amenazar y montar un berrinche. En la actual situación que vive la región de los Grandes Lagos, en la que Kagame siempre ha sido el abusón del barrio, la señal británica es la de seguir como siempre, cambiar la constitución para que el presidente lo sea de por vida y que haga lo que quiera en Burundi y en la RDC. Tras la detención del general Karenzi, Kagame echó pestes del pueblo británico y, al enfrentarse a él, el gobierno británico le hizo un guiño de complicidad. Ahora, la valentía que le han dado a Kagame le permitirá seguir con más represión interna y más agresión externa de aquí a 2017 y en adelante.

Octavo, es inmoral. La acción de exculpar al general Karenzi Karake con un tecnicismo legal, sin considerar los intereses de la sociedad y de aquellos que perdieron sus vidas sacude las mismísimas bases morales de la ley. La ley británica ha sido manejada para servir a los intereses de unos pocos, en vez de apoyar a la impotente mayoría.

En noveno lugar, puesto que el sistema judicial británico no ha conseguido impartir justicia para aquellos que la pedían y la merecían, es injusto. El famoso estudioso americano, John Rawls, en su a menudo mencionado Teoría de la justicia (A Theory of Justice es el título original en inglés) nos recuerda los requisitos de la justicia como imparcialidad:

«La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento. Una teoría, por muy atractiva, elocuente y concisa que sea, tiene que ser rechazada o revisada si no es verdadera; de igual modo, no importa que las leyes e instituciones estén ordenadas y sean eficientes: si son injustas han de ser reformadas o abolidas. Cada persona posee una inviolabilidad fundada en la justicia que ni siquiera el bienestar de la sociedad en conjunto puede atropellar. Es por esta razón por la que la justicia niega que la pérdida de libertad para algunos se vuelva justa por el hecho de que un mayor bien es compartido por otros. No permite que los sacrificios impuestos a unos sean compensados por la mayor cantidad de ventajas disfrutadas por muchos. Por tanto, en una sociedad justa, las libertades de la igualdad de ciudadanía se dan por establecidas definitivamente; los derechos asegurados por la justicia no están sujetos a regateos políticos ni al cálculo de intereses sociales».

La clase política británica ha negociado con la justicia y le ha dado una concesión política al presidente Kagame.

En décimo y último lugar, alimenta el conflicto tanto en Ruanda como en la región de los Grandes Lagos. Los artífices de la Declaración Universal de Derechos Humanos se preocuparon por la propensión de la humanidad a la rebelión y a la guerra cuando, en el preámbulo, afirmaron:

«Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión»;

Los tribunales británicos no han conseguido ejercer el estado de derecho de forma justa para proteger los derechos humanos de los españoles, los europeos, los ruandeses y los africanos. Al hacerlo, han ayudado a los que fomentan la guerra, y no a los que la evitan. Se trata de una acción que será recordada por siempre como uno de los errores más vergonzosos de la justicia en los anales de la jurisprudencia británica e internacional.

Dr. Theogene Rudasingwa
Ex embajador de Ruanda en los Estados Unidos de Norteamérica y ex jefe de gabinete del presidente Kagame.
Autor de Healing A Nation («Curando una nación»).

– Para saber más: http://www.blackstarnews.com/global-politics/africa/shameful-miscarriage-of-justice-uk-court-lets-rwandas-gen#sthash.6ZsYJA9Q.dpuf

Fuente: http://www.blackstarnews.com/global-politics/africa/shameful-miscarriage-of-justice-uk-court-lets-rwandas-gen

Traducción de Raquel de Pazos Castro y Miguel Borrajo González..

ComparteShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Destacamos, Querella Audiencia Nacional, Ruanda. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *