La dimensi贸n 茅tica y religiosa de la tierra

La tierra es un ‘bien com煤n’ destinado para satisfacer las necesidades de todos, ahora y en el futuro. As铆 el derecho del usuario a la tierra es natural y esencial. Por lo tanto, hay l铆mites a la propiedad privada. Excluir a los seres humanos humano del disfrute de la propiedad com煤n no es 茅tico, esto rompe el orden moral y por lo tanto pone en peligro la paz social.

El acaparamiento de tierras, donde los inversores se apoderan de tierras (del agua y de los recursos que la acompa帽an) que es fundamental para la identidad econ贸mica, social y cultural del pueblo, es profundamente perjudicial.

La tierra es a la vez un recurso socio-econ贸mico y una fuente de identidad cultural. El acceso a la tierra es por lo tanto necesario para la vida humana y la paz social.

1. Punto de vista 茅tico

1.1. Derechos humanos fundamentales

La declaraci贸n universal de Derechos Humanos reconoce el derecho a vivir en dignidad: “Todo individuo tiene derecho a la vida… Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado para su salud y bienestar y los de su familia, especialmente para la alimentaci贸n, ropa, vivienda… “.” El derecho a la vida es fundamental para cada ser humano. Para disfrutar de una vida digna, la gente debe tener acceso a alimentos y agua. Los agricultores y las poblaciones rurales necesitan tierra y agua para producir sus alimentos. En muchas partes del mundo, la apropiaci贸n de tierras est谩 saboteando este acceso, lo que amenaza la supervivencia de las personas. El derecho de uso de la tierra es un valor primordial, universal que se aplica a cada ser humano y que no puede ser anulado por ning煤n otro derecho econ贸mico.

El acaparamiento de tierras viola el derecho de todas las personas a la libre determinaci贸n, derecho que incluye la capacidad de decidir libremente su camino hacia el desarrollo econ贸mico, social y cultural. Desafortunadamente, la mayor铆a de las adquisiciones de tierras se concluyen sin el consentimiento libre, previo e informado de los interesados. Tambi茅n el derecho a la autodeterminaci贸n significa que la gente puede disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales. Sin embargo, el acaparamiento de tierras priva a la gente de sus riquezas y recursos naturales, que necesitan para asegurar su sustento y para desarrollarse plenamente en la forma que elijan. El acaparamiento de la tierra impone un sistema de agroindustria que a menudo es preparada en el extranjero.

1.2. Los derechos econ贸micos, sociales y culturales

Muchas adquisiciones ‘legales’ no son ‘leg铆timas’, porque no toman en cuenta los derechos econ贸micos, sociales y culturales de los ocupantes o usuarios de las tierras codiciadas. La p茅rdida de acceso a la tierra a menudo implica la p茅rdida de acceso al agua. Sin embargo, la tierra y el agua son esenciales para producir los alimentos necesarios para sostener la vida. Por esta raz贸n el acceso a la tierra puede vincularse con el derecho a la alimentaci贸n, reconocido en el art铆culo 25 de la Declaraci贸n Universal de los derechos humanos (DUDH). Los Estados deben ser garantes de este derecho: protegerlo, respetarlo y fortalecerlo (art铆culo 11 del Pacto Internacional de Derechos Econ贸micos, Sociales y Culturales).

Por 煤ltimo, el desplazamiento de poblaci贸n refiere al derecho a la vivienda reconocido por las Naciones Unidas (art铆culo 25 de la Declaraci贸n Universal de los derechos humanos).

“No queremos este Jatropha. 驴Por qu茅 ser铆a bueno para nosotros si no podemos cultivar para alimentar a nuestra familia? 禄

J.K. Pekeeshe, Kenya (informe de ActionAid)

1.3. Dimension ecol贸gica

El derecho a la vida es tambi茅n una dimensi贸n ecol贸gica. Un ecosistema saludable que proporciona ox铆geno, agua, alimentos, calidad del aire y energ铆a y que regula el clima es necesario para proteger la vida, y por lo tanto, estos elementos son cruciales para la supervivencia humana. Por lo tanto, la protecci贸n del medio ambiente tambi茅n es protecci贸n humana.

Sin embargo, el acaparamiento de tierras agota las reservas naturales y destruye los ecosistemas saludables y productivos, as铆 como la biodiversidad. El acaparamiento de tierras y agua est谩 poniendo directamente en peligro el derecho a la vida, porque a corto plazo privan a los agricultores de los recursos necesarios para la vida y, a largo plazo, destruye los suelos que se convierten en est茅riles. El acaparamiento de tierras y agua afectan directamente el derecho a la vida, ya que agota los recursos pesqueros y recursos alimentarios, destruye la tierra y las cuencas y los territorios se vuelven inhabitables.

Todos los ciudadanos comparten la responsabilidad de la Tierra, porque s贸lo hay un planeta que no puede ser regenerado. No cuidar hoy nuestro planeta abrumar谩 a las futuras generaciones y les impedir谩 disfrutar de sus frutos.

El derecho de un pueblo a la autodeterminaci贸n tiene una dimensi贸n ecol贸gica, porque los ecosistemas tienen funciones socioecon贸micas tales como la generaci贸n de comercio y de empleos; tambi茅n tienen valor cultural y espiritual que es de vital importancia para la recreaci贸n, la religi贸n, la cultura y la educaci贸n. As铆, privar a un pueblo de ecosistemas saludables equivale a violar su derecho a la autodeterminaci贸n.

2. El punto de vista de la religi贸n

Todas las religiones defienden la vida y despiertan la conciencia de las decisiones que los humanos con respecto a la vida. El acaparamiento de tierras afecta las vidas de los seres humanos y de otras criaturas, afectando a la Tierra. En todas las religiones, hay un compromiso de transformaci贸n para mejorar la vida de todos.

2.1. Dimensi贸n de la fe cristiana

Los cristianos comparten con cualquier persona la responsabilidad de los derechos humanos y de la vida del planeta. Sin embargo, el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia llaman a un mayor compromiso hacia los que son m谩s vulnerables, en este caso las v铆ctimas de los acaparamientos de tierras.

Aqu铆 est谩n algunas referencias a textos cristianos relacionados con la propiedad y la necesidad de acceso a la tierra.

2.1.1. La Biblia

Los profetas y Jes煤s no dejan ninguna duda sobre el esc谩ndalo que es la acumulaci贸n de tierra en manos de unos pocos.

El acaparamiento de tierras concentra riqueza en manos de unos pocos, mientras que muchos otros sufren como consecuencia de la pobreza y el hambre. El acaparamiento de tierras priva a la gente del disfrute de los regalos de la creaci贸n. La acumulaci贸n de tierras por los ricos inflige sufrimiento al pueblo de Dios.

La acumulaci贸n de recursos mientras que otros no tienen lo necesario para vivir est谩 en contradicci贸n con el prop贸sito de la creaci贸n: Dios cre贸 en abundancia para que cada ser humano pueda disfrutar de sus regalos.

” 隆 Ay! Ellos unen casa a casa, campo a campo, hasta coger todo y permanecer solos en el centro del pa铆s “(Is 5:8)”

“Codician campos, los roban, ellos se apoderan de las casas. ” Agarran al maestro y a su casa, al hombre ya su herencia. (Mic 2:2)

芦Jes煤s condena la acumulaci贸n de riqueza frente a la pobreza y las privaciones con una fuerza fuera de lo com煤n:

芦隆 Ay de vosotros, ricos,…vosotros ten茅is vuestro consuelo!)禄 (LC. 6:24).

2.1.2. La ense帽anza de la Iglesia

“A menudo reveladora de situaciones intolerables y perjudiciales en el plan moral, la ocupaci贸n de tierras es una se帽al de alarma que requiere una implementaci贸n, a nivel social y pol铆tico, soluciones eficaces y justas”. (Comisi贸n Pontificia justicia y paz, noviembre 1997, 搂44).

La iglesia dice claramente que la tierra es un bien com煤n puesto a disposici贸n por el Creador para las necesidades de todos, hoy y ma帽ana. El derecho al uso de la tierra es un derecho natural, primordial y de valor universal que corresponde a cualquier ser humano y que no puede ser violado por ning煤n otro derecho de contenido econ贸mico.

La doctrina social de la iglesia subordina la propiedad privada, como marco de la autonom铆a y la libertad, a la primera funci贸n social del bien, a saber: permitir que toda persona viva.

Por esta raz贸n condena los latifundios porque “niegan a una multitud de personas el derecho a participar con su trabajo en el proceso de producci贸n y de atender sus necesidades…”. ‘ (id 搂32)El documento condena tambi茅n “las formas de explotaci贸n del trabajo, en particular cuando es pagado por salarios u otras modalidades que son indignas de un hombre” (id.搂34 ).

Los Obispos africanos han protestado contra el acaparamiento de tierras: “Frente a esta “agresi贸n”, los Obispos africanos 芦instan a la Iglesia en 脕frica a buscar informaci贸n (…)禄 y a educar al Pueblo de Dios para que sea capaz de afrontar las decisiones injustas (propuesta 30, S铆nodo de los Obispos africanos, octubre de 2009), para “presionar a nuestros gobernantes para la adopci贸n de un marco legal apropiado que tenga en cuenta los intereses de nuestros pa铆ses y de las poblaciones “(propuesta 29), ‘para que sus ciudadanos est谩n protegidos contra el alejamiento injusto de sus tierras y el acceso al agua que son bienes esenciales de la persona humana’ (propuesta 30). Tambi茅n piden a los gobiernos el ” respeto de los derechos tradicionales de la tierra y que sean reconocidos por la ley.

La 茅tica social cristiana se basa en principios claros. El destino universal de los bienes afirma que ning煤n ser humano puede ser excluido del disfrute de los bienes creados por Dios sin que esto rompa el orden moral y amenace la paz social. El bien com煤n tiene la primac铆a y limita el derecho a la propiedad privada. Si esta es atribuida, debe serlo por una autoridad competente y debe ser acompa帽ada de una compensaci贸n justa por las p茅rdidas ocasionadas, en particular por solidaridad con los pobres que carecen de medios suficientes para vivir. Como resultado, las pol铆ticas de tierras deben procurar garantizar la sustentabilidad econ贸mica y ecol贸gica para preservar la disponibilidad de recursos econ贸micos y su calidad (la fertilidad del suelo, calidad del agua, biodiversidad) para las generaciones futuras. Basados en estos principios, los encargados de formular pol铆ticas deben basar su decisi贸n sobre la participaci贸n y la subsidiariedad.

El hombre, a imagen de Dios, es responsable de las decisiones que le afectan. Y, basados en el principio de que las personas m谩s interesadas tendr谩n la sabidur铆a y la preocupaci贸n por tomar las mejores decisiones sobre un tema tan vital como el de la tierra, las autoridades deben primero consultar y obtener el consentimiento libre de los ciudadanos para decidir.

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